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Listar por Materia "Cuentos estadounidenses"

Mostrando ítems 1 al 20 de 247

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    A sangre fría 

    Capote, Truman, 1924-1984

    A sangre fría es una novela de Truman Capote que narra el brutal asesinato de los cuatro miembros de una familia de Kansas. En 1959 un violento crimen sacudió la tranquila vida de Holcomb, Kansas. La sociedad norteamericana de aquellos años quedó conmocionada por un crimen que sugería que cualquiera podía morir asesinado en cualquier momento. La familia asesinada, los Clutter, compuesta por Herbert Clutter, su esposa Bonnie y sus hijos Kenyon de 15 y Nancy de 16, era el arquetipo del sueño americano en la década de los 50. Eran gente próspera, que vivía de la agricultura y habitantes de un pequeño poblado de mayoría metodista. Tenían buena reputación; eran religiosos y asistían sin fallar a los servicios dominicales. Generosos, empáticos, trabajadores, sanos, no tenían aparentes enemigos. Los asesinos, Richard Eugene (Dick) Hickock y Perry Edward Smith, eran convictos en libertad condicional que creían que en la casa de los Clutter hallarían una caja fuerte con no menos de diez mil dólares. No la hallaron, pero de todos modos asesinaron a los padres y a sus dos hijos adolescentes. Huyeron hasta México, regresaron a los Estados Unidos y siguieron a la deriva hasta que fueron identificados como los asesinos y arrestados. Un antiguo compañero de celda de Hickock, Floyd Wells, había trabajado para el señor Clutter en el pasado y le comentó a su compañero lo rico que era, incluso le aseguró que poseía una caja fuerte en su despacho con el dinero necesario para el mantenimiento dia

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    Abuela 

    King, Stephen, 1947-

    George es un niño que ha tenido que quedarse en casa para cuidar a su abuela. Sus padres lo tuvieron que dejar solo debido a un accidente que ha sufrido su hermano. Lo que parecía ser una tarde tranquila empieza a cambiar cuando ruidos extraños salen del cuarto de ella. George presiente que algo siniestro y oscuro se oculta ahi. La curiosidad lo alienta a investigar pero esa será su perdición, puesto que su abuela guarda secretos tan terribles que estos solo pueden ser guardados...en la Dimensión Desconocida. George es un niño que ha tenido que quedarse en casa para cuidar a su abuela. Sus padres lo tuvieron que dejar solo debido a un accidente que ha sufrido su hermano. Lo que parecía ser una tarde tranquila empieza a cambiar cuando ruidos extraños salen del cuarto de ella. George presiente que algo siniestro y oscuro se oculta ahi. La curiosidad lo alienta a investigar pero esa será su perdición, puesto que su abuela guarda secretos tan terribles que estos solo pueden ser guardados...en la Dimensión Tomado de: http://www.fiuxy.net/ebooks-gratis/2977776-abuela-stephen-king-epub.html Fecha de reseña: 20/10/2016

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    Abuelito 

    Schmitz, James H., 1911-1981

    El relato tiene lugar en una colonia en un planeta extraño. Los humanos apenas llevan cuatro años de la Tierra en el planeta y su ecosistema les resulta extraño. Por eso, lo que debería haber sido un simple paseo para mostrar el lugar a un responsable exterior se convierte en algo más peligroso. Una historia breve y simple, pero amena. Tomado de: http://www.alt64.org/wiki/index.php?title=Abuelito Fecha de reseña: 20/10/2016

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    Aceite de perro 

    Bierce, Ambrose, 1842-1914

    Me llamo Boffer Bings. Nací de padres honestos pero de la más humilde condición: mi padre era fabricante de aceite de perro y mi madre tenía un pequeño taller a la sombra de la iglesia del pueblo, donde se deshacía de los niños no deseados. Tomado del texto original Fecha de reseña: 21/11/2016

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    Aflicciones del hombre humano 

    Sheckley, Robert, 1928-2005

    Edward Flaswell compró un planetoide, sin haberlo visto previamente, en el Departamento de Territorios Interestelares, en la Tierra. Lo eligió sobre la base de una fotografía que mostraba poca cosa aparte de una cordillera de pintorescas montañas. Tomado del texto original Fecha de reseña: 20/10/2016

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    Ahí fuera 

    Grant, Charles L.

    Cuando Rick se miró en el espejo del cuarto de baño, había sangre en su mejilla. Contempló, fascinado, como sus dedos recorrían el arañazo sin tocar su piel, desde debajo del ojo derecho hasta el borde de la mandíbula. Pequeñas burbujas rojas resbalaban y temblaban por toda la superficie, y las secó con un pañuelo de papel, poniendo mala cara aunque ni siquiera sentía el más leve picor. Tomado del texto original Fecha de reseña: 23/05/2016

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    Al vencedor 

    Asimov, Isaac, 1920-1992

    No veo a menudo a mi amigo George, pero cuando lo hago siempre le pregunto por Azazel, el pequeño demonio al que asegura que puede llamar. Por supuesto, insiste en que no es un demonio, sino un ser procedente de un mundo de avanzada tecnología. —Un anciano y calvo escritor de ciencia ficción —me dijo George— ha señalado que una tecnología lo suficientemente adelantada con respecto al observador, sería para éste indistinguible de la magia . Eso es lo que pasa con mi pequeño amigo Azazel. Sólo mide dos centímetros de estatura, pero puede hacer cosas realmente sorprendentes. Por cierto, ¿cómo te has enterado de su existencia? Tomado del texto original Fecha de reseña: 21/10/2016

    Formato: DOC (Word 97-2003)

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    La alucinación de Stanley Fleming 

    Bierce, Ambrose, 1842-1914

    De los dos hombres que estaban hablando, uno era médico. -Le pedí que viniera, doctor, aunque no creo que pueda hacer nada. Quizás pueda recomendarme un especialista en psicopatía, porque creo que estoy un poco loco. -Pues parece usted perfectamente -contestó el médico. Tomado del texto original Fecha de reseña: 06/12/2016

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    Alucinogenia 

    Koontz, Dean Ray, 1945-  

    Se despertó antes que ella y continuó tumbado, escuchando su áspera respiración; parecía el sonido del mar contra las rocas. Empeoraría antes de despertar. Se inclinó hacia la mesilla, tomó un cigarrillo del paquete casi vacío, lo encendió y se sentó en la cama. Trató de no pensar en las fuerzas que envolverían su cabeza, en los siniestros y dolorosos poderes que estarían rugiendo allí. En la oscuridad, intentó pensar en otra cosa. La vista que se observaba desde la ventana era magnífica. Había estado nevando toda la noche y el campo quedó completamente cubierto; las nubes se entreabrían de vez en cuando permitiendo ver la luna, que iluminaba el blanco manto. Tras la vieja encina, se extendía la carretera, que semejaba un tajo negro sobre la blanqueada tierra. Indudablemente, los calefactores de la carretera se habían estropeado de nuevo, ya que algunas capas de hielo iban avanzando desde el margen. Anticuadas palas quitanieves trataban de despejarla. Tomado del texto original Fecha de reseña: 21/10/2016

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    Amanecer 

    Bloch, Robert, 1917-1994

    En el cielo silbaron las cabezas de torpedo cargadas con explosivos, y el fragor de su paso hizo temblar la montaña. En las profundidades de su abovedado santuario, el hombre permanecía sentado, deifico e inescrutable, enterado de todo lo que estaba sucediendo. No tenía necesidad de salir desde su refugio para contemplar el cielo. Sabía lo que estaba sucediendo: lo supo desde aquella noche en que el sol parpadeó y se apagó. Un anunciante, embutido en la bata blanca símbolo de las artes curativas, estaba emitiendo un importante mensaje acerca del laxante más popular del mundo: el que la mayoría de la gente prefería, el que cuatro de cada cinco médicos usaban personalmente. En medio de su elogio de aquel nuevo y sorprendente descubrimiento, hizo una pausa para advertir al auditorio que se dispusiera a escuchar un boletín especial. Pero el boletín no llegó; un momento después, la pantalla ennegreció y rugió el trueno. Tomado de: https://marcosbl.com/libreria/libro/353 Fecha de reseña: 21/11/2016

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    Los amantes fugitivos 

    Russell, Ray, 1924-1999

    Las historias de terror no tienen que ser necesariamente sobrenaturales para producir un efecto escalofriante. Ray Russell lo ha demostrado con suficiente frecuencia, desde su clásico Sardonicus hasta el relato corto que se dispone usted a leer, y se destaca entre sus colegas de oficio como maestro en ese tipo de cuentos, que no son tan apacibles e inocuos como pudiera pensarse. Tomado del texto original Fecha de reseña: 18/09/2016

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    Amo del espacio 

    Brown, Fredric, 1906-1972

    Como verá el lector las historietas que componen esta novela están completamente desligadas entre sí en el argumento, de manera que pueden leerse independientemente sin que al parecer tengan otro nexo común que el haber sido escritas por el mismo autor. Digo al parecer porque creo que, reflexionando bien, puede encontrársele una semejanza a todas ellas y es el que en todas se muestra algo tan fuera de lo corriente, tan paradójico, aunque en realidad se justifique, que el lector no puede dejar de reconocer, como rasgo común, una imaginación prodigiosa, una originalidad indiscutible y un estilo tan directo, vivo y ágil que hacen que la lectura sea siempre amena e interesante. Tomado del texto original Fecha de reseña: 21/10/2016

    Formato: DOC (Word 97-2003)

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    Amor S.A. 

    Sheckley, Robert, 1928-2005

    Alfred Simon había nacido en Kazanga IV, un pequeño planeta agrícola próximo a Arturo, y conducía allí una segadora que trabajaba en los campos de trigo, y en los largos y plácidos atardeceres escuchaba las viejas canciones de amor de la Tierra. La vida era bastante agradable en Kazanga y la mujeres tenían grandes senos, eran alegres, complacientes, buenas amigas para una excursión por las colinas, un baño en el río, y fieles compañeras para toda la vida. Pero románticas..., ¡jamás! En Kazanga se divertían de una forma abierta y alegre. Pero no había más que eso. Tomado del texto original Fecha de reseña: 22/10/2016

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    Los análogos 

    Knight, Damon, 1922-2002

    La criatura era igual que un ojo, un ojo globular que podía ver en todas direcciones, enquistado en la gris y nublada mente que se llamaba Alfie Strunk. Dentro de ella los pensamientos serpenteaban, mientras el ojo los seguía sin piedad. Conocía a Alfie, conocía lo malo en Alfie; la enmarañada madeja de impotencia, odio y deseo; la ecuación amor = muerte. Las raíces de aquel mal se hallaban fuera de su alcance; era sólo un ojo. Pero ahora estaba cambiando. Pequeños hormigueos eléctricos iban y venían profundamente por su propio centro. La energía encontraba un nuevo matiz, y fluía. Tomado del texto original Fecha de reseña: 18/09/2016

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    La anciana señorita Macbeth 

    Leiber, Fritz, 1910-1992

    La pálida esfera de luz de lámpara eléctrica -sobre el cajón anaranjado- mostraba sólo la cama, la pared desnuda detrás, el piso de cemento y una jaula enfundada del otro lado. Sobre el cajón se amontonaban pilas eléctricas gastadas y cajas vacías. Al lado de la lámpara y dentro de una caja había tres pilas nuevas. Tomado del texto original Fecha de reseña: 31/07/2016

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    Apareció Caín 

    King, Stephen, 1947-

    Garrish salió del resplandeciente sol de mayo y pasó al frescor del vestíbulo. Le costó un poco enfocar la vista y en un primer momento Harry el Castor no fue más que una voz incorpórea saliendo de las sombras. —Era una zorra, ¿verdad? –preguntó Castor—. ¿Verdad que era una zorra? —Sí —contestó Garrish—. Fue difícil. Ahora pudo fijar sus ojos en Castor. Se estaba frotando los granos de la frente y le sudaban las orejas. Llevaba sandalias y una camiseta con el número 69 y una chapa en la parte delantera que ponía: «Bienvenido es un pervertido.» Los enormes dientes delanteros de Castor se distinguían en la oscuridad. Tomado del texto original Fecha de reseña: 22/10/2016

    Formato: DOC (Word 97-2003)

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    El asesino 

    King, Stephen, 1947-

    Repentinamente se despertó sobresaltado, y se dio cuenta de que no sabía quien era, ni que estaba haciendo aquí, en una fábrica de municiones. No podía recordar su nombre ni que había estado haciendo. No podía recordar nada. La fábrica era enorme, con líneas de ensamblaje, y cintas transportadoras, y con el sonido de las partes que estaban siendo ensambladas. Tomado del texto original Fecha de reseña: 25/10/2016

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    El atajo de la señora Todd 

    King, Stephen, 1947-

    Homer Buckland miró pasar el pequeño Jaguar y asintió. La mujer le saludó con la mano. Homer inclinó ese cabezón suyo desgreñado, pero no correspondió al saludo. Los Todd tenían una gran finca de recreo en Castle Lake y Homer era su guarda desde tiempos inmemoriales. Pero algo me decía que la segunda esposa de Worth Todd le caía tan mal como bien le había caído la primera. Tomado de: http://www.fiuxy.net/ebooks-gratis/3724349-el-atajo-de-la-senora-todd-stephen-king-pdf.html Fecha de reseña: 25/10/2016

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    La autopista de la muerte 

    Koontz, Dean R., 1945-

    Al ir y venir del trabajo, Mason Sondheim había recorrido el mismo camino seis días a la semana durante los últimos cinco años, pero hasta aquella mañana calurosa y despejada de un lunes de agosto, jamás se había fijado en el inmenso cementerio que flanqueaba la autopista por el lado oeste. Tampoco había caído en la cuenta de que el dominio de los muertos era una región bastante más vasta que el territorio de los vivos. Su casa quedaba en Anaheim Hills, y las oficinas de la America’s Action Committee estaban en Newport Beach. Aquel lunes a las siete y media en punto, como de costumbre, dirigió su Subaru amarillo hacia la autopista de Costa Mesa, yendo hacia el sur a la hora en que el tránsito, antes de la hora punta, avanzaba fluidamente. No tenía ningún presentimiento de que su vida estaba a punto de cambiar de forma radical e irreversible. Tomado del texto original Fecha de resela: 01/08/2016

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    La aventura de mi tío : relato de un viajero 

    Irving, Washington, 1783-1859

    Hace muchos años, poco antes del estallido de la Revolución Francesa, mi tío pasó varios meses en París. Los ingleses y los franceses mantenían por aquel tiempo muy buenas relaciones, al contrario de lo que acontece ahora, y era habitual verlos juntos en las reuniones de sociedad. Los ingleses viajaban para gastarse el dinero a manos llenas y los franceses se mostraban la mar de complacidos con semejante actitud, prestándoles ayuda sin el menor inconveniente para que lo hicieran. Ahora, sin embargo, los ingleses suelen ir al extranjero, precisamente para ahorrar, cosa para la que ni por asomo precisan de la ayuda de los franceses. Puede que los ingleses que se decidían a viajar en aquel tiempo fueran menos numerosos y más nobles y distinguidos que los que lo hacen ahora, cuando Inglaterra parece estar llenando de gente Europa. En cualquier caso, lo cierto es que se relacionaban perfecta-mente con las sociedades foráneas, y mi tío, mientras vivió en París, hizo muchas y muy buenas y sólidas amistades, algunas de ellas íntimas, con gentes de la nobleza francesa. Tomado del texto original Fecha de reseña: 01/08/2016

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